Viaje en el tiempo

Hoy viajé a esa sala de espera fría de paredes blancas donde una puerta estrecha dividía la vida y la muerte.

Hoy me vi allí con mi corazón palpitando doloridamente. Con mis manos temblorosas y odiando cada una de las palabras que deslizaba la bata blanca del médico. Para él éramos estadística y probabilidad. Para nosotros una ecuación que no sabíamos resolver.

Hoy me vi allí caminando con mi paso silencioso para coger tus manos y decirte que pasara lo que pasara, estuvo bien, estaba bien y estaría bien.

Hoy como hace ocho años los hilitos de la vida se enredaron y el pitido del gotero dejó de sonar.

Pero volviste para que todos pudiéramos disfrutarte un poco más y viví cada día hasta tu partida al otro lado como un regalo.

Mi corazón se entrenó en esa sala de espera para todos los dolores que vendrían, para todas las pérdidas y los adioses.

Formaste parte de una estadística, de una probabilidad baja y aún así remontaste con la batalla más que perdida.

Yo también formaré parte de una estadística, y con mis manos frías igual que aquel día en aquella sala de espera, y sin aire o con él, volveré a respirar porque eso me enseñaste aquel día tras aquella puerta.

Sé que los sueños y las esperanzas volverán. Sé que los caminos se allanarán. Sé que el corazón se serenará. Sé que todo irá encajando. Sé que estaremos bien. Sé que estás ahí. Sé que todo pasará. Sé que hoy por hoy, día por día y mañana por mañana te sigo pensando.

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2 comentarios sobre “Viaje en el tiempo

  1. Siempre adelante, siempre fuerte y siempre preparada para levantar lo más rápido posible después de cada caída.
    Me ayudas a besar sin vergüenza a mi papi, a quererle más aún si cabe y desde que te conozco, a decirle te quiero con mucha más frecuencia aunque siempre sea insuficiente.

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