Test positivo, ¿y ahora qué?

Siempre recordaré ese momento, metida dentro del baño con el palito en la mano y un corazón batiendo tan fuerte que se podía escuchar desde la otra punta de la casa. Leí una y otra vez las instrucciones para interpretar correctamente el resultado. Y ahí estaban esas dos rayitas que se mostraban como las dos líneas paralelas más bonitas jamás dibujadas.

Estaba tan paralizada que no podía gesticular, solo sentía una gran emoción, ilusión, nerviosismo y creo que las hormonas bailaban por todo mi cuerpo sabiendo que los próximos nueve meses dirigirían mi orquesta interior.

Y con el paso de las horas, y después de realizar las llamadas pertinentes, las dudas y el miedo empezaban a apoderarse de mí. Con mi primera campanilla las dudas eran más emocionales que físicas. Me preguntaba si sería una buena madre, si sabría cuidar y educar un niño, si estaríamos conectados… no había cambiado nunca un pañal, ni había dormido a un bebé, no sabía ni preparar un biberón y era la primera vez que alguien iba a depender tanto de mí que me sentía abrumada. Pero lo que si tenía claro es que estaba preparada, siempre había querido ser madre y sabía que todo iba a salir bien. En cambio, en mi segundo embarazo tenía miedo de que el bebé no estuviera sano, pudiera desarrollar alguna enfermedad o síndrome o simplemente no fuera viable. Hasta que no pasaron algunas semanas y todo quedo confirmado qué estaba perfecto no pude sacudirme el miedo de encima.

Y confieso que después de dar a luz, sentada en el coche camino a casa, lloré por todos los días que tuve miedo y no acaricié mi barriga y porque no volvería a vivirlo. Así que si en la sala hay alguna mamá con «mieditis» o dudas, acaricien su barriga porque pase lo que pase ahí dentro hay una personita que necesita una mamá fuerte y que no pierda la esperanza.

Ser madre es la mayor sacudida de realidad que una mujer puede tener, algo que, de momento, los hombres no pueden vivir ni tampoco entender totalmente, por eso, nos ven como unas locas de remate obsesionadas con la combinación de colores de las cortinas y la ropa de nuestro bebé pero detrás de esa obsesión hay un cincuenta de ilusión y otro cincuenta de miedo ante el reto de ser mamá. ¡No lo olviden padres del mundo!

¡Feliz martes!

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