Ruido

Mucho ruido a nuestro alrededor nos hace distraernos de lo importante o al menos del objetivo que tenemos delante. Ese ruido nos confunde aunque no cometamos ningún error. Ese ruido nos atrapa y nos contamina algo más que los oídos.

En estos días de duras pruebas, de encerramiento y de sentimientos que vuelan entre los megas de Internet, se me hizo más difícil que nunca abstraerme del ruido. Nunca necesité tanto el silencio y el recogimiento, apenas un rato al día me salvan de mi demencia mental.

Escuchar las voces de los niños jugar en el patio es maravilloso, pero no hablo de ese tipo de ruido, si no de ese molestoso, e inoportuno que daña y que perturba.

Solo conozco dos remedios: la música y la lectura meditada. Son mi tabla de salvación en medio de este océano de emociones ruidosas y de tareas inacabables.

Y como siempre hay luz en medio de la oscuridad, la vida me puso personas que son luz y que hacen que en estos momentos te sientas parte, te sientas comprendida y querida.

Y no camino sola mientras la fe y la esperanza no me fallen.

Señores, un día más, un día menos…

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