Refugiados

  
Un día te levantas y ves que la vida que conocías se desvanece entre tus dedos sin que nada puedas hacer. Tu casa está en ruinas, tu ropa es la que llevas, y mientras rescatas tu juguete preferido tus padres tiran de tí para que no sigas presenciando ese horror.

Nada de lo que conoces está en pie, y tú un niño de corta edad has empezado a deshacerte por dentro en silencio. Sientes miedo, odio, vergüenza y terror. No sabes que pasará, ni donde irás, pero sabes que estás vivo porque el hambre, el frío y el sueño empiezan a despertarse en tu cuerpo.

Tus padres te suben a un barco, tú nunca habías subido a uno, pero hay mucha gente, apenas ves nada y desconoces el rumbo del mismo. Piensas que si fuera un viaje la gente estaría contenta, pero todo el mundo de tu alrededor está triste, preocupado y algunos lloran.

Tras varias horas y casi sin fuerzas tus padres te abrazan llorando y emocionados porque consiguieron burlar a la muerte. Empieza un nuevo camino y todo es incertidumbre.

Ahora somos refugiados y necesitamos ayuda para volver a empezar y reconstruirnos a nosotros mismos. Solo soy un niño que huyo de mi país en guerra. Quiero jugar sin escuchar el ruido de la violencia, quiero ir a la escuela y tener amigos y quiero ser un niño.

Y mientras escribo estas palabras, las lágrimas corren rápido por mis mejillas porque pienso en mi «pequeña campanilla» y agradezco al cielo una y mil veces nuestra suerte. 

#Yosoyrefugiado

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