Pequeña Campanilla II

Una nueva Campanilla nos sobrevuela

A veces las temporadas de silencios no denotan nada malo, sino todo lo contrario. Buenas noticias que necesitan ser reposadas, acomodadas e ilusionadas. Porque si hablamos de ilusiones y  sueños, en este hogar andamos servidos y no por qué se nos hagan realidad todos, ni mucho menos, si no porque los tenemos a decenas, desde el más mayor hasta la más pequeña. 

Pequeña Campanilla II asoma por la ventana del otoño, aunque se nos coló en las flores de la primavera y nos mostrará sus alas en invierno. Y así cuando habíamos dejado de pensarte, hemos vuelto a imaginarte y a sentirte bien cerquita de nosotros. Las aguas andaban revueltas, había tempestad pero te aferraste bien a tu esperanza y aquí estás enseñándonos muchas cosas antes de ver la luz.

No diré que aterrizas en una casa de locos, pero muy cuerdos no andamos, todo sea dicho, por algún motivo nos escogiste justo en este momento y lugar. No somos perfectos, y no te prometeré que solo habrá días de alegría y paz. A veces, ésta que escribe pierde la paciencia, alza la voz y baja los brazos, pero apostaré siempre por ti porque eso hacen las madres, y Pequeña Campanilla I mi hizo madre, pero tú me haces bimadre. Un sueño perseguido, aplazado, olvidado, luchado y gracias al universo, conseguido.

Mientras dure tu estancia detrás de mi ombligo, podrás escucharnos, podrás oír hablar de ti, planear cosas para tu llegada, sentir algunas caricias y besos de tu hermana que vive esta etapa como la mejor de sus fortunas y de vez en cuando la sorprendo mirándome de reojo a ver si es verdad esto que está pasando.

Pequeña Campanilla II estamos deseando conocerte, aprender de ti, cansarnos contigo, reírnos, emocionarnos y caminar junto a ti porque aunque nuestro amor sea infinito no podremos protegerte de todas las caídas, de todos los tropiezos, de las decepciones, de los sueños rotos, pero si podemos prometerte que seremos tu bastón, que tendremos los oídos bien abiertos para escucharte y el corazón bien grande para quererte.

Algún día, cuando no recuerde ni cómo me llamo porque los años hayan hecho llaga en mi, léeme estas poquitas palabras porque sé que en algún lugar de la memoria, recordaré quien soy yo y quien eres tú, porque la mente olvida pero el corazón no.

Mi Pequeña Campanilla II…

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