Parto respetado

Me ha costado mucho juntar ambas palabras «parto» y «respetado» porque parece obvio que se debe respetar la decisión de la mujer que está dando a luz y salvo peligro de muerte para la madre o el bebé debería ser así.

Admiro mucho a todas mis mujeres antepasadas porque traían al mundo niños con un dolor desgarrador, sin ninguna condición médica y repetían una y otra vez. El vínculo que se establecía entre la «comadrona» y la madre era maravilloso. Actualmente damos la bienvenida a nuestros retoños sin dolor en la mayoría de los casos, en un hospital con todas las condiciones médicas e higiénicas necesarias pero con una persona al lado que nos ayuda a traer al mundo lo mejor de nuestra vida que apenas conocemos o si es en el sistema público sanitario que jamás hemos visto.

Después de mi experiencia en el primer parto tenía claro que si había un segundo no sería para nada así. Y no hablo de que no quisiera ponerme la epidural o que quería dar a luz en una bañera, hablo de un parto en el que fuera mi cuerpo el que marcara el ritmo y no las prisas de la matrona por acabar pronto.

La suerte me acompañó porque en mi segundo parto encontré a esa persona que me acompañó en casi todo el proceso y a la que conocía desde hacía algunas semanas. Hablamos largo y tendido de lo que quería y lo que no y para mí lo más importante era saber que no estaría sola y sería respetada. Y así fue, llegué al hospital me cogió de la mano y ya no me soltó hasta que tuve a mi segunda campanilla en mi pecho.

Tuve un parto respetado, una lactancia respetada y en todo momento sentí toda la tranquilidad que necesitaba.

Si vas a ser mamá y tienes la posibilidad encuentra ese sitio en el que sepas que vas a poder vivir ese momento con toda la tranquilidad y respeto que deseas. Da igual que sea público o privado, hay grandes profesionales en ambos sectores. Tu bebé y tú os merecéis recordar esos instantes siempre con una sonrisa.

¡Buena jornada!

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