Navidad, tiempo de renacer

Llegó la Navidad. El tiempo fue implacable y la trajo a todos nuestros hogares con decoración o sin ella. Espumillones y turrones llenaron los supermercados desde hace mucho y las luces navideñas fueron encendidas discretamente en un año que vimos apagarse muchas vidas. 

La Navidad es un tiempo que amas u odias, sin término medio. Que anhelas que llegue o tienes prisa porque pase. Pero no deja indiferente a nadie. O te hace brincar de alegría o llena tus ojos de lágrimas por las pérdidas y las ausencias en las mesas. El contacto no es el mismo a través de la tecnología pero gracias a ella podemos estar cerca de lo que están lejos. Este año de pandemia habrá que cuidarse unos a otros si no queremos que en la Navidad próxima las ausencias sean más en nuestras mesas. Este año quererse es no verse, ni tocarse ni abrazarse. Debemos ser conscientes que nuestros afectos pueden resultar venenosos y contaminantes. Y hay pérdidas que jamás vuelven a recuperarse.  

Y la Navidad y esta pandemia nos invitan este año al recogimiento y al silencio. La vida quiso encerrarnos para que empezáramos a mirarnos un poquito a nosotros mismos y dejáramos de vivir por lo externo y para el exterior. Quizás sea duro lo que veamos y sintamos. La soledad pesa y el silencio nos condena por nuestros pecados, pero quienes somos nosotros para cuestionar los planes. 

La Navidad es un tiempo para renacer, cerrando viejas heridas y empezar de nuevo en otro lugar. Pero sobre todo para mejorar por dentro o al menos tomar conscientes de nuestras limitaciones. Hay cosas que no cambiarán ni mejorarán. Pero al menos seamos sinceros y vivamos consecuentemente. 

Esta Navidad será diferente en todos los hogares. Muchas estructuras cambiarán y habrá límites. La desobediencia de unos nos arrastrará a otros pero qué decirle a alguien que no es capaz de apreciar ni su propia vida ni la de los más susceptibles de su alrededor. Las palabras no le sirven, el ejemplo no lo entiende, así que dejamos que la práctica le abra los ojos aunque sea a golpe de mazo y pérdida. 

La Navidad no es tiempo de olvidar si no de mirar hacia ese portal donde un niñito desprovisto de todo hizo de su vida historia y hazaña. Cada día en muchas partes del mundo pequeños gestos de muchas personas van cambiando el mundo. A veces solo unas palabras de aliento, otras un mensaje en una tarjeta, un abrazo furtivo, una mirada detrás de una mascarilla, una foto de tiempos pasados, una frase en un muro… eso es la Navidad mantener la llama de la esperanza encendida de los que nos rodean todo el año y de los que se quedan siempre a nuestro lado. 

La Navidad es un momento de reflexión y de establecer nuevos objetivos para el año próximo. De quitarse las viejas cargas, de mirar al cielo y buscar la Estrella de Navidad, esa que guió a los tres Reyes Magos. Y sé que a ti te dan igual el oro, el incienso y la mirra porque le sonreíste al tamborilero que te dio lo único que tenía. Sabes que a tus pies dejaré todos mis dolores y heridas, los sueños rotos y mi alianza. Frente a ti recuperaré el aliento, el brillo de mis ojos y me reconciliaré contigo dejando atrás las diferencias que nos separaron este año. Espero tu nacimiento que también será el mío. Como cada año, siglo tras siglo, oportunidad tras oportunidad. 

Navidad, tiempo de renacer, de rehacer y de recomenzar. 

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