Mis Pequeñas Campanillas

Pasan las horas, los días, las semanas y me quedo embobada mirando a esas dos campanillas que revolotean a mi alrededor. La más grande descubrió nuevas emociones en estos treinta días desde que nació su compañera de juegos. Sabe lo que es la felicidad absoluta pero algo llamado “celos” le hacen ensombrecer a ratitos esa dicha. La pequeña nos está enseñando a cada uno aquello que necesitamos aprender.

Estamos construyendo en familia una nueva realidad, una nueva rutina y cada uno anda buscando su papel. Renuncias algunas, tiempo escaso, sueño a raudales pero amor infinito desde el minuto cero.

La llegada de Pequeña Campanilla dos ha sido de las experiencias más bonitas que he tenido y no solo por el nacimiento en sí, sino porque jamás me he sentido tan arropada y tan acompañada a un nivel que supera lo físico y va más allá.

Y una que andó bastante quejicosa durante el embarazo acabó sonrojándose ante la evidencia una vez más que la paciencia y la esperanza son lo que siempre nos han de sostener y que jamás se han de abandonar. No soy de tatuajes, pero tal vez opte por tatuarme ambas palabras, a ver si por fin acaban por filtrarse en mi piel y en mi alma.

Echo de menos muchas cosas, tal vez tiempo para escribir la que más pero 2019 es un año sin objetivos y con el lema “slow life”.

Con tiempo quizás acabe reinventándome, tomando nuevos rumbos o retome viejas costumbres pero solo el tiempo y el destino escrito saben lo que pasará. Mientras, sigo fluyendo…

¡Buena jornada señores!

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