Microcuento

Un día la tristeza le preguntó a la alegría, ¿por qué tú nunca pierdes la sonrisa? Y ella le contestó que aprendió a encontrar cada día un motivo para sonreir. La tristeza se quedó en silencio y le respondió que eso era imposible. Entonces la alegría le rodeó con sus brazos y entendió que la tristeza solo necesitaba amor, comprensión y que alguien le escuchara a corazón abierto.

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