Los gigantes de parque


A través de «Pequeña Campanilla» recuerdo cosas de mi infancia, viejos y feos fantasmas reaparecen multiplicados por cien. Puedo cargar a mi espalda muchas cosas pero me niego a aceptar que ella pase por ellas.

Los gigantes de parque existen, los piratas de lengua afilada también, lo hemos comprobado esta semana y sería más fácil sacar la espada, pero me niego, rechazo cualquier tipo de violencia. Un niño de tres años habla con el lenguaje que le enseñaron en casa, no sabe otra cosa, no conoce otra cosa, así que vamos a combatirle retirándonos. Nosotras no seguiremos fomentando la violencia que le sobra a este mundo.

Cuando era pequeña viví mi propio calvario con Laura M., si el «bulling» hubiera sido conocido le habrían puesto su nombre. Mis padres pelearon mucho con la institución escolar de aquella época y nada consiguieron, la única solución fue unas «palabritas» que mi señora madre le escupió dulcemente a la susodicha. Y claro, dejó de amargarme a mí y se fue a cazar carne fresca. 

No podré evitarle todos los sufrimientos, pero padres y profesores del mundo os ha tocado la «madre vigía», la que no pasa, la que no descuida o al menos lo intenta. 

¡Sean felices y dejen la amargor para los pepinillos!

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