La vida cambia y yo cambio con ella…

La vida cambia. No les descubro nada nuevo. No disfruto con los cambios, eso ya lo saben pero lo que no saben es que ya me di por vencida y dejé de luchar contra ellos y aprendí a aceptarlos con ligereza. Admito que el camino no está siendo fácil pero cuando alguien al otro lado te recuerda que el control te estanca y no te deja avanzar es ahí en ese punto cuando me reviso por dentro y digo ¡basta! Y no lo quiero para un día, un mes o un año, lo necesito para una vida.

Siempre creí que las personas no cambiaban y que ese cambio no era real ni auténtico. Creo que en realidad necesitamos que la otra persona no cambie para justificar nuestra actitud hacia ella. Esperamos cualquier flaqueza para tirar del hilo y llevarnos la razón. Porque de eso se trata, de tener razón y ganar batallas ignorantes como somos de que en la guerra todos pierden y que el resultado final no es tan importante como el proceso.

Hay momentos, períodos, tiempos, estaciones, oportunidades, trenes que pasan y pasan una y otra vez, mil monedas que gastar antes de tirar la toalla pero también hay un «antes y un después» y capítulos que se cierran.

Cuando nació mi Pequeña Campanilla I la enfermedad y la no vida nos acompañó durante mucho tiempo. Siempre tuve ese sabor agridulce de no haber disfrutado esos primeros meses de su vida en toda su plenitud. Y ahora con Pequeña Campanilla II disfruto cada una de sus pequeñas conquistas porque sé que el tiempo de bebé se va consumiendo rápidamente.

Seis años después mi mesa ha ido dejando sillas vacías que ha ido llenando de nuevas vidas… ¿qué es ésta vida de locos que hoy te da y mañana te quita? Continuar cuerdos a veces es difícil, ignorar las palabras y los gestos dolientes también pero cuando no haces de ellos tu mundo respiras mucho mejor y el pecho se llena de esperanza. Cada camino pertenece a uno mismo y hoy yo camino por el que he escogido. Hay sitio para quien quiera acompañarme con todos mis errores y flaquezas pero hay caminos ya superados por los que no me verán. Hay días que las piernas me duelen y el alma se me estruja pero es mi responsabilidad cuidar de mi misma y seguir caminando aunque sea con una sola pierna.

Los arco iris son mágicos pero si antes no llueve no se pueden ver. Las mariposas son preciosas pero antes han de ser orugas. Lo mismo nos pasa a todos, primero debemos ser niños para algún día erguirnos como adultos.

¡Feliz noviembre de aprendizaje!

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