La suerte de mi vida

Y aún sin saber lo que me deparan el resto de mis días sé que vosotras dos sois la suerte de mi vida. Por muchas cosas que puedan sucederme no hay nada que no me hagáis remontar. Cierto es que hay días que absorbéis mi energía hasta tal punto que una silla de madera me parece el mejor de los lugares para cerrar los ojos.

Cada una llegó en un momento en el que los hilos de mi vida estaban enredados, había nudos en la garganta y un camino más bien pedregoso, pero vuestra fuerza me empujó a no bajar los brazos. Algo difícil de explicar y complicado de comprender a vuestra edad pero serán unas historias bonitas para contar y que formarán parte de vuestras hazañas.

Porque sí pequeñas campanillas mías los días tristes son puntos y finales y principios y no es que haya que llamarlos porque ellos solos van llegando para sacarnos del letargo en el que estamos inmersos.

Formáis parte de mi plan y yo del vuestro. Por alguna razón compartimos vida y me siento feliz de haberos posibilitado la vuestra y ojalá nos baste el tiempo para poder aprovechar esta oportunidad. Y no me refiero vivir al límite, con prisas y objetivos, actividades extraescolares y carreras universitarias, me refiero a tener completo nuestro curriculum de virtudes, algo más que eso de «ser buenas personas».

Queridas niñas trabajemos juntas, demostrémosle al mundo que cambiar es posible, y que sin amor nada somos. El que quiera estar que esté, el que ir que marche porque las despedidas aunque tristes ponen a cada uno donde tiene que estar.

¡Feliz camino!

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