Aprendiendo a ser madre

  Muchas de las mujeres que leen mi blog son madres, otras son tías, abuelas o madrinas, y cualquiera de todas ustedes pueden entender que hay días «que ser madre duele».

Ves a tus hijos sufrir, llorar de dolor, lo ves caer y también marcharse. El tiempo pasa sin que nada puedas hacer y hay días que ver la frustración en su mirada es una puñalada a tu orgullo. Crees haberlos protegido de todo, crees haberlo hecho bien, y de tanto creer al final ya no sabes nada.

A las madres siempre nos acompaña un sentimiento de culpa, culpa de no tener suficiente paciencia, suficiente memoria, suficientes besos y suficiente tiempo para nuestros retoños. A todas horas nos asaltan dudas y nos puede el miedo del futuro.

Por suerte, ser madre es la experiencia más maravillosa del mundo si tienes a una «pequeña campanilla» como yo, que entre lágrimas de dolor y de frustración te demuestra que es más valiente que tú misma, que su lealtad se paga con amor y que la vida se exprime a cada minuto. 

Ella vuela veloz, hay días qué apenas puedo seguirla, me supera en sabiduría y en nobleza. Pese a que no puedo hacer nada para evitar sus dolores y tropiezos, volvería a aceptar el reto, aunque haya días que ser madre duela.

Safe Creative #1610170251189

Deja un comentario