La muerte se aprende

NO ESTAMOS PREPARADOS PARA LA MUERTE 

El tema de hoy es la muerte, algo que antes o después nos sucederá a todos. ¿Por qué hablar de la muerte? Porque no hablar de ella no nos librará de su llegada y porque es un proceso natural o al menos debería serlo.

Nadie nos prepara y cuando llega es aterradora, es inaceptable, es angustiosa y dolorosa para el que se va y para los que se quedan. Es la gran «desconocida», es de la que nada se sabe y para quien nadie se prepara.

Aceptar nuestra propia partida nos facilitará que el momento sea más sencillo, lo cual no dejará de ser triste y doloroso, pero nos liberará y dejará a los nuestros con más paz. Esa falta de preparación hace que la muerte de nuestros seres mas cercanos sea un bocado difícil de tragar. Por eso cada noche le pido a la almohada serenidad para afrontar las pruebas que cada despertar me traiga.

Por suerte, conservo a muchos a mi lado, pero la partida de mis queridos más queridos me cogió en el parvulario del conocimiento y la preparación para su partida. Acepté su marcha porque la muerte se me plantó enfrente con su mejor argumento; «era su hora». Y ante eso, ¿qué podía hacer? Aprender, solo aprender. ¿Lloré? Mucho. ¿Me rompí? En mil pedazos. No sabía nada, no entendía nada pero la paz de los que se iban me movió a buscar respuestas, tan evidentes ahora, y tan desconocidas antes.

La verdad es que no me planteo mi muerte porque las ganas de vivir superan cualquier pensamiento relacionado con ella y solo siento que tengo que exprimir más mi tiempo, hacer que valga la pena cada minuto que esté aquí. Y después de una charla con unos buenos amigos decidí que cuando mi «pequeña campanilla» tenga edad de comprender, hablaremos de ella, la muerte, para que su camino sea más fácil que el mío. Solo el conocimiento y la educación nos hace libres, qué hacer con lo que sabemos ya es cosa nuestra pero iremos conquistando metas y subiendo montañas.

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